ECONOMÍA – Las claves de la “guerra contra la inflación” que promete lanzar Alberto Fernández antes del fin de semana

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Alberto Fernández considera que tiene dos urgencias a resolver en el cortísimo plazo: primero, sacar de la agenda pública el acuerdo con el FMI, una cuestión que provocó una crisis con Cristina Kirchner, y -segundo- poner como prioridad total, excluyente, a la inflación.

El dato de febrero (4,7%) sorprendió a los funcionarios del gabinete económico. Roberto Feletti, secretario de Comercio, les había anticipado a empresarios de la alimentación que el número “vino mal”. Pero nadie imaginó que superaría el 4% estimado por las principales consultoras económicas.

La aceleración inflacionaria tiene a los alimentos en el centro del problema. El rubro escaló 7,5% el mes pasado, cuando la invasión rusa a Ucrania recién había comenzado y los precios de las materias primas no habían terminado de llegar a los niveles récord de hoy.

Para marzo, las estimaciones son peores a las del mes pasado: en lo que va del mes, las principales compañías alimenticias ya enviaron al menos dos listas con ajustes de precios en los productos de la canasta esencial.

El dato de febrero “vino mal”: alarma en el Gobierno por la disparada de precios.

Precios sin freno y contraataque del Gobierno

“Prometo que el viernes va a empezar otra guerra, la guerra contra la inflación en Argentina”, dijo Alberto Fernández un par de horas antes de que se divulgara el dato del INDCE, durante un acto en la localidad de Tortuguitas.

Hay medidas en marcha. Fuentes de la Casa Rosada dan pistas sobre algunos anuncios: “Son medidas incluidas en el Consejo Económico y Social”, asegura un funcionario a iProfesional.

Además, la idea sería incrementar en dos puntos las retenciones a las exportaciones de harina y aceite de soja, que ahora tributan una alícuota de 31%, que pasaría al 33%.

La mayor recaudación -equivalente a unos u$s400 millones anuales- se destinaría en su totalidad a financiar la estabilidad del precio de los farináceos. En especial, del pan.

La otra cuestión que se definirá en las próximas horas tiene que ver con las retenciones a la carne y a la leche en polvo.

Ambos productos tributan una alícuota del 9%, que podría elevarse al 15% sin necesidad de pedir autorización al Congreso.

La carne y la leche en polvo aparecen entre los productos que más se encarecieron el mes pasado: hasta 11,7% y 15,9%, respectivamente. En este último caso, con la cotización de la leche en máximos históricos en los mercados internacionales.

El Gobierno se prepara para subir las retenciones a derivados de la soja, a la carne y a la leche en polvo.

Bajo poder de fuego y maniobras acotadas

El Gobierno está en problemas: el acuerdo con el FMI le pone límites estrictos a la asistencia fiscal que pueda otorgar para aliviar el shock inflacionario por la disparada de las materias primas.

Pero, además, no dispone de poder político suficiente para anunciar medidas redistributivas, como podría ser una suba adicional de las retenciones.

En cambio, habrá una negociación con el Mercado Central para poner en marcha un “fideicomiso para productos frescos”, con el objetivo de intervenir en el mercado y evitar la brusca volatilidad de los productos más consumidos por los argentinos: tomate, lechuga, cebolla y papa, que son los que más aumentaron en los últimos meses.

En el mismo sentido, el Gobierno todavía hay diferencias internas sobre la viabilidad de una Empresa Nacional de Alimentos. Para funcionarios del ala política del Gobierno, esa idea es “inviable”. Para otros, dentro del gabinete, sería una manera de “acercar a productores y pymes con los consumidores”.

En todo caso, un proyecto de largo alcance que de ninguna forma podría apagar el incendio actual de los precios de los alimentos.

La “empresa nacional de alimentos”, un proyecto que no resuelve las urgencias de la “guerra” a los precios.

Precios Cuidados y el fantasma del desabastecimiento

En la última convocatoria a las empresas líderes de la alimentación, Feletti les pidió un mayor cumplimiento con el abastecimiento de productos, sobre todo los que integran el lote de Precios Cuidados.

El secretario y las empresas volverán la próxima semana a negociar la renovación de ese programa, con la idea de que los productos allí incluidos tengan mínimos ajustes. Muy diferente a lo que está sucediendo en la “vida real”, como define a iProfesional el gerente de una compañía líder. Esa negociación será dura, sin dudas, porque las empresas pretenden una actualización acorde con los nuevos precios surgidos tras la guerra en Europa.

La alarma dentro de las filas oficiales no sólo está ligada a la abrupta suba de los precios, sobre todo entre los aceites y en los productos farináceos, sino también a los faltantes que -cada vez más- se notan en las góndolas. Feletti se los planteó ayer a las principales empresas que fabrican farináceos y aceites.

Las complicaciones por los faltantes, que se hicieron notorios durante la pandemia, se agravaron en las últimas jornadas pero por otras causas. Entre ellas hay que incluir a la especulación de fabricantes y grandes comerciantes, que no quieren desprenderse de stock ni afrontar costos volátiles, en medio de las tensiones de precios que deparó la guerra entre Rusia y Ucrania.

Los faltantes de productos se producen en un momento muy complicado en materia de precios. Tal como viene informando iProfesional, después de muchos años, en el comienzo de marzo volvió a repetirse la historia en la cual las empresas fabricantes de alimentos actualizan sus listas de precios al menos dos veces en una misma semana. O a lo sumo diez días.

El Gobierno decidió habilitar algunos ajustes, en medio de la tensión mundial por la guerra en Europa.

Para marzo, el escenario sería peor: las principales consultoras privadas preveían una inflación cercana al 5%. Un nivel que quedó obsoleto después de los aumentos de hasta 11,5% en los combustibles a comienzos de la semana y tras el elevado arrastre que, estadísticamente, febrero le dejó a marzo.

Fuente: iprofesional